Ideal de cultura
La historia del Concurso es la persecución de un ideal de cultura. Más allá del mero aspecto competitivo, el certamen ha pretendido ser un nuevo modelo de concurso de interpretación, y en la actualidad, superados los 30 años de existencia, sigue abierto a un proceso innovador impulsado por su presidenta y fundadora, Paloma O’Shea que se trasladó tras su matrimonio a Santander, donde contactó con Manuel Valcárcel, director del Conservatorio. Con su colaboración convocó el primer concurso en 1972. Valcárcel fue su director hasta su temprano fallecimiento en 1980, y con él se inauguró la larga lista de nombres ligados al certamen en los que Paloma O’Shea buscó consejo, asesoría y complicidad.
Entre ellos están Federico Sopeña, André Marescotti, Federico Mompou, Xavier Montsalvatge, Joaquín Soriano, José Francisco Alonso, Alicia de Larrocha, Enrique Franco y Vicente Cacho, todos ellos vinculados al Concurso en diferentes facetas: bien como jurados, bien ocupando cargos de responsabilidad en su estructura o en la de las instituciones del entramado del Concurso, como la Fundación Albéniz.
Santander, protagonista
Como toda empresa intelectual, el Concurso ha buscado la comunicación como elemento fundamental de su existencia. Y su protagonista ha sido la ciudad de Santander, testigo y contrapunto del Concurso, de sus pruebas, participantes y conciertos.
El público de Santander ha estado presente en todos los escenarios del certamen: la Plaza Porticada, la Cámara de Comercio, el Gran Casino del Sardinero, las Universidades de Cantabria y Menéndez Pelayo y, por último, su sede actual, el Palacio de Festivales de Cantabria, obra del arquitecto Sáenz de Oiza.
Patrocinio
Ese rastro de lugares es paralelo al de las instituciones, siempre cercanas al Concurso, por la solidez y seriedad del proyecto. Administraciones públicas y empresas privadas, junto a un considerable número de aficionados particulares, crearon desde el primer momento una red de apoyo al Concurso que supuso una novedad en las fórmulas de patrocinio de nuestro país.
El patronazgo de la Familia Real Española, con la Presidencia de Honor de la Escuela Superior de Música Reina Sofía a cargo de Su Majestad la Reina, y del Concurso y de la Fundación, por Su Alteza Real la Infanta Doña Margarita, ha supuesto un estímulo de valor incalculable para una labor que pretende ser un hecho de cultura.
Definitiva profesionalización
Aquellos años finales de la década de los setenta y primeros de los ochenta son los que marcan la definitiva profesionalización y engrandecimiento del Concurso.
Tras la primera edición, de carácter nacional (1972), ganada por Josep Colom, Paloma O’Shea espera a 1974 para relanzar el Concurso, ya de dimensión internacional. Desde entonces y hasta 1978, las convocatorias son anuales. En 1976, el certamen es aceptado en la Federación Mundial de Concursos Internacionales de Música de Ginebra, institución que vela por la seriedad de este tipo de acontecimientos.
Tras 1978 se respeta un periodo de convocatoria bienal, que da paso a la actual convocatoria trienal, alterada en 1992 con objeto de hacer empresa común con las grandes manifestaciones culturales del V Centenario del Descubrimiento de América.
El Concurso adopta estos cambios al recibir del mundo de la música síntomas de la conveniencia de dar más tiempo entre concursos para la necesaria renovación o maduración artística de los candidatos.
El repertorio se enriquece
Paralelamente al sistema de convocatorias, el Concurso vive un enriquecimiento paulatino del repertorio hasta llegar al grado más complejo posible: el de la total libertad.
Lo que en su momento fue exigencia del repertorio es hoy una sugerencia plasmada en las bases. Unos pocos hitos enmarcan la libertad de los concursantes, cuya personalidad musical se quiere ver desde el instante mismo de la confección del programa. Donde se sigue manteniendo un repertorio más definido es en las pruebas de música de cámara y con orquesta.
La inclusión de la final con orquesta se remonta a 1977 y ha sido una constante impulsada, edición tras edición, por la categoría de los conjuntos invitados. Orquestas como la London Symphony, la Royal Philharmonic, la Nacional de España, la Sinfónica de Radiotelevisión Española, la Sinfónica de Madrid (Titular del Teatro Real) o la Filarmónica de Dresde y las orquestas de cámara: Scottish Chamber Orchestra, Wiener Kammerorchester, Orquesta Gulbenkian y Northern Sinfonia, Sinfonía Varsovia o Real Filharmonía de Galicia, han hecho vivir a sus espectadores noches históricas.
Seriedad y rigor en los premios
La dimensión intelectual y artística de los componentes del Jurado, presidido por figuras de la relevancia de Federico Sopeña, Alicia de Larrocha y Antoni Ros Marbà, han dado a Santander una justa fama de rigor.
La nómina de premiados ha tenido la garantía de una decisión justa y ponderada. En ella encontramos tanto a "primeros premios" como a "segundos" en años en los que el "primero" resultó desierto, como el caso de Barry Douglas, luego flamante ganador del Concurso Tchaikovsky.
Y junto a Douglas, una relación amplísima cuyo denominador común es la carrera artística desarrollada tras el Concurso, que organiza conciertos para sus ganadores en todo el mundo, quizá la parte más codiciada por los concursantes.
Otros escenarios internacionales
El Concurso de Santander ha llevado a los escenarios internacionales, entre otros, a Josep Colom, Hüseyin Sermet, Ramzi Yassa, Hugh Tinney, David Allen Wehr, Serguei Yerochin, Eldar Neblosin, Yung Wook Yoo, Boris Giltburg, Alberto Nosé y Herbert Schuch, y ha sentido el inmenso dolor de ver truncada la carrera de un pianista de extraordinaria sensibilidad, el sudafricano Marc Raubenheimer, fallecido en accidente aéreo al finalizar la gira de conciertos del primer premio, que obtuvo en 1982.
Constantes Innovaciones
Esta relación de ganadores anima a jóvenes pianistas de todo el mundo a solicitar su inscripción en el Concurso, pero no todos ellos pueden ser admitidos. Desde 1990 se realiza una preselección en audio y vídeo en diferentes ciudades de Europa y América, como método para determinar los 20 concursantes que acuden a Santander y, desde la Edición de 2008, el Jurado de Preselección viaja a estas ciudades y presencia en directo las pruebas.
Esta innovación no ha sido la única. En la XIII edición, de 1998, se han eliminado los premios parciales en aras de conseguir una dotación más atractiva para los tres principales galardones, el primero de los cuales se encuentra entre los más altos del mundo.
El Concurso guarda para ese primer premio y medalla de oro la distinción de Gran Premio de Santander si el premio es concedido por unanimidad.